sábado, 19 de diciembre de 2015

EL VAGABUNDO






Todo se va en la vida como se van los pájaros.

Tú has llegado a esta tierra y has contado que estabas
esperando un asombro
—como si no tuvieras bastante con el tuyo—
y allá, en las oficinas,
en los puertos marinos,
en los metros urbanos,
en los recintos serios de los centros ilustres,
has dejado tus cosas:
la flor de la mesilla,
el engaño amarillo que llevas en la frente,
la voz de mapamundi
que compraste una noche en un ultramarinos,
tus calcetines negros como hombres de luto
y el coral de tu cama cuando te sientes solo.

Eres un vagabundo,
un cometa que pasa recorriendo el océano
después de amar los astros que no conoce nadie;
no llevas equipaje más que las golondrinas
ni más camisa blanca que tus dientes pequeños;
no llevas alimentos, pero encuentras pescado
en cualquier quesería
y leche en las tabernas
y corbatas sin nudo en la piel del dentista.

No te faltan luceros para tu rumbo largo
y conquistas mujeres con la sal de tus ojos.

Pero tú necesitas que te besen el cuello
cuando tengas jaqueca;
tú quieres una madre, con el rostro oloroso,
que te arregle la almohada;
tú quieres unas flores que te enjuaguen los dedos
y un armario de azúcar para guardar la ausencia.

Pero tú vas de paso,
de paso, solamente. Tú no puedes
comprar ninguna casa,
ningún chalet en el monte,
ninguna tierra indómita donde domar caballos
o sembrar azucenas o descubrir petróleo
o hallar viejos tesoros.

Tú no puedes quedarte:
eres un vagabundo;
te vas como los pájaros.


 (De mi libro La Tierra indiferente )



No hay comentarios:

Publicar un comentario